
No es que no quiera decirlo. Es que cuando abro la boca, algo se rompe antes de salir.
Estoy conociéndote y debería ser fácil. Debería fluir. Debería sentirme ligero, interesante, suficiente. Pero no.
Siento este nudo en el pecho que no se ve. Esta presión rara que me hace dudar de cada palabra, de cada gesto, de cada silencio.
Tú ves poco. Yo siento demasiado.
Las frases se me quedan atoradas. Las repito en mi cabeza hasta que pierden sentido. Las escribo, las borro, las vuelvo a escribir. Y al final mando algo pequeño, tibio, incompleto. Algo que no se parece ni de lejos a todo lo que pasa por dentro.
No es falta de ganas. Es miedo con buena ortografía.
Miedo a decir de más. Miedo a decir de menos. Miedo a convertirme en una molestia.
Entonces me vuelvo cuidadoso hasta el punto de desaparecer.
Y tú, desde tu lado, tal vez piensas que no me importas tanto.
O peor: que no me importas en absoluto.
Si supieras la cantidad de conversaciones que tengo contigo sin que estés presente. Las veces que imagino explicarte que no soy frío, solo torpe. Que no soy distante, solo estoy lleno de cicatrices mal cerradas.
Pero eso no se nota.
Lo único visible es esta versión mía que parece siempre a medio camino. Ni se queda, ni se va. Ni se lanza, ni se rinde.
Una versión cobarde, quizás. O cansada.
Conozco bien este patrón: cuando algo empieza a importar, empiezo a esconderme. Como si el cariño fuera una luz demasiado fuerte y yo siguiera acostumbrado a la oscuridad.
Quiero acercarme, pero también quiero huir. Quiero que me veas, pero no tanto. Quiero tocar fondo contigo, pero sin mojarme demasiado.
Ridículo.
Y aun así real.
Porque nadie habla del cansancio de sentir profundo en un mundo que premia lo simple. Nadie dice lo agotador que es llevar el corazón en carne viva mientras finges que todo está bajo control.
A veces pienso que, si supieras todo lo que callo, entenderías mis silencios.
O tal vez te irías.
Y por eso callo.
No porque no sienta.
Sino porque siento demasiado.
Y no sé cómo demostrarlo sin quedarme desnudo en el intento.
Crea tu propia página web con Webador